Club Abierto de Editores (CLABE) ha abierto uno de los debates más relevantes del sector mediático español en lo que va de año: cómo medir las audiencias digitales sin distorsionar la realidad del mercado publicitario. La asociación, que representa a 232 grupos editoriales de prensa, revistas y publicaciones periódicas, ha expresado su posición tratando de aportar transparencia al conjunto del sector de la comunicación y el periodismo sin intención de interferir en el concurso convocado por la AIMC (Asociación para la Investigación de Medios de Comunicación) para elegir al nuevo medidor recomendado de audiencias digitales en España.
La posición de CLABE parte de reconocer la necesidad de adaptar las métricas a un ecosistema heterogéneo lleno de nuevos formatos y redes de distribución, pero advierte de los riesgos metodológicos de integrar todos los consumos en una métrica unificada. El documento de trabajo elaborado por la asociación ha sido distribuido entre los asociados, representantes institucionales y agentes del sector publicitario y defiende que la nueva medición de audiencias digitales no puede mezclar consumos editoriales y algoritmos sociales.
La distinción que defiende CLABE no es técnica sino sustantiva. No es lo mismo la audiencia conseguida por un medio en sus activos editoriales propios —webs, apps o newsletters bajo control editorial directo— que el consumo de sus publicaciones en plataformas de terceros gobernadas por algoritmos ajenos al medio. Las plataformas sociales están gobernadas por algoritmos volátiles que a menudo premian contenidos emocionales o polarizadores, independientemente de su calidad informativa. Equiparar ambos tipos de consumo desvirtúa el valor del periodismo y convierte a los medios en simples inventarios publicitarios.
Las propuestas concretas de la asociación incluyen consolidar la Audiencia Diaria como estándar del mercado, ajustar los cálculos para evitar alteraciones por picos o caídas excepcionales de tráfico y garantizar que todos los medios presentes en los rankings sean medidos con la misma metodología censal, eliminando las barreras económicas que impiden el acceso de los medios locales y especializados.
El debate se ha venido enriqueciendo en los últimos días a partir de la carta enviada por José Manuel Nevado, director del Departamento de Comunicación Institucional de la Secretaría de Estado de Comunicación, al director general de la AIMC posicionándose a favor de CLABE y reclamando que el nuevo sistema prime las métricas cualitativas sobre el mero volumen. Nevado apunta que incorporar el tráfico de las redes sociales a la ecuación implicaría depender de sistemas fragmentados, fugaces y fuertemente dependientes de algoritmos volátiles.
El proceso de selección del nuevo medidor debería resolverse este mismo mes de junio, con GfK y Comscore como principales candidatos. Lo que está en juego no es solo una decisión técnica: es la definición de qué cuenta como audiencia en la era digital y, por tanto, adónde va la inversión publicitaria que sostiene al periodismo.
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