El inicio de 2026 está marcado por un aumento de la incertidumbre económica global debido a las tensiones en Oriente Medio, que han devuelto a la energía al centro del escenario. El conflicto con Irán ha reactivado el riesgo de un shock energético, con subidas del petróleo y el gas que podrían trasladarse a la inflación y frenar el crecimiento si se prolongan. Europa aparece como una de las regiones más vulnerables por su dependencia de las importaciones energéticas.
Antes del estallido del conflicto, la economía mundial mostraba una expansión moderada apoyada en el dinamismo de los servicios, aunque ya con señales de desaceleración en economías clave como Estados Unidos.
En España, el impacto inicial será principalmente vía precios. El encarecimiento del petróleo y el gas —que ha llevado el barril a acercarse o superar los 100 dólares en marzo— presionará la inflación y elevará los costes empresariales, especialmente en energía y transporte.
La previsión de inflación media para 2026 se sitúa en torno al 2,6%, aunque podría acercarse al 3% si el conflicto se alarga. Además, cada subida de 10 dólares en el petróleo podría añadir al menos tres décimas a la inflación y restar crecimiento al PIB.
El crecimiento económico también podría verse afectado, especialmente por el deterioro del sector exterior. El encarecimiento de las importaciones y la menor demanda internacional pueden lastrar las exportaciones españolas, en un contexto en el que ya venían perdiendo impulso.
A nivel interno, la economía española mantiene un ritmo de crecimiento positivo, aunque con cierta desaceleración. El empleo sigue creciendo, pero a menor ritmo, y la afiliación a la Seguridad Social apunta a un primer trimestre algo menos dinámico.
La inflación se mantiene de momento contenida (2,3% en febrero), pero el encarecimiento de las materias primas anticipa repuntes en los próximos meses.
En el ámbito empresarial, las ventas muestran signos de enfriamiento al inicio de 2026, afectadas por la debilidad del comercio exterior. La facturación creció un 3,8% en 2025, pero desacelera desde el verano, mientras que el crédito empresarial se encarece y se concentra en grandes operaciones.
En conjunto, la economía española encara 2026 con una base sólida pero expuesta a riesgos externos. La evolución del conflicto y de los precios energéticos será clave para determinar el impacto final sobre la inflación, el crecimiento y la actividad empresarial en los próximos meses.
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