La desinformación se ha convertido en un ruido constante para la juventud española y su impacto va mucho más allá de la confusión informativa. Así lo recoge el estudio ¿Cuánto cuesta una mentira?, elaborado por Evercom en colaboración con Fad Juventud y la Universidad Complutense de Madrid, que analiza cómo la exposición continuada a contenidos falsos o manipulados afecta al bienestar emocional, la confianza y la relación de los jóvenes con los medios y la democracia.
El informe, basado en entrevistas a 800 jóvenes de entre 15 y 24 años, dibuja un escenario complejo para el ecosistema mediático: una generación altamente interesada por la actualidad, pero que consume información de forma fragmentada, mayoritariamente a través de redes sociales y con una creciente sensación de desconfianza. Ocho de cada diez jóvenes aseguran interesarse por la actualidad, aunque seis de cada diez reconocen quedarse solo en los titulares o resúmenes, sin profundizar en las noticias completas.
Las redes sociales son hoy el principal canal informativo para el 70,3% de los jóvenes, por delante de la televisión y muy lejos de la prensa escrita, que solo consulta el 17,6%. Sin embargo, esta centralidad de las plataformas digitales no se traduce en mayor credibilidad. El 67% afirma que no puede confiar plenamente en la información que encuentra en redes, y solo el 43,2% declara confiar en los medios de comunicación tradicionales para informarse de manera objetiva.
El estudio alerta de que la desinformación no se percibe como un fenómeno aislado, sino como una condición estructural del ecosistema informativo. Ocho de cada diez jóvenes aseguran encontrarse con información falsa o dudosa con frecuencia en su día a día digital, especialmente en temas como política, conflictos internacionales o migración. TikTok y X aparecen como las plataformas donde más contenidos falsos detectan, seguidas de Instagram.
Este contexto tiene consecuencias directas en el vínculo entre la audiencia joven y los medios. La exposición continuada a bulos y contenidos emocionales genera cansancio cognitivo, frustración y una tendencia a la autoprotección digital. El 31% de los jóvenes ha dejado temporalmente de usar redes sociales por saturación, y muchos optan por evitar determinados temas informativos para proteger su bienestar emocional.
Desde una perspectiva empresarial, el informe plantea un reto claro para los medios de comunicación: la erosión de la confianza no solo afecta a la credibilidad, sino también a la participación cívica y al valor social del periodismo. El 87,6% de los jóvenes considera que la desinformación ha dañado la calidad democrática en España, y cuatro de cada diez no confían en que el sistema esté preparado para afrontar este problema.
Pese a este diagnóstico, el estudio identifica una oportunidad estratégica para el sector. Lejos de la resignación, la juventud muestra una alta disposición a formarse y a reconstruir la confianza. El 63% quiere aprender a identificar noticias falsas, más de la mitad cree que los centros educativos o laborales deberían ofrecer formación específica y el 72,5% confía en las herramientas de verificación.
Los jóvenes sitúan la responsabilidad de frenar la desinformación principalmente en las plataformas digitales, pero también señalan a los medios de comunicación como actores clave en la reconstrucción de un entorno informativo más fiable. La demanda es clara: transparencia, rigor y alfabetización mediática como pilares de un nuevo pacto de confianza.
En un escenario de fragmentación de audiencias y saturación informativa, el informe apunta a que el valor diferencial del periodismo profesional no reside solo en informar, sino en ofrecer contexto, verificación y credibilidad en un entorno dominado por el ruido. Una oportunidad que el sector no puede permitirse ignorar.