El informe “IA y periodismo: entre la promesa optimista y la precarización algorítmica”, elaborado por Sebastián De Toma, Xavier Ibarreche, Carolina Martínez Elebi, Ana Vinuf, Paloma Ayala y Martín Becerra desde la Cátedra Políticas de la Convergencia de la Carrera de Ciencias de la Comunicación de la Universidad de Buenos Aires, analiza cómo periodistas de medios escritos argentinos incorporan ChatGPT en sus rutinas profesionales y qué tensiones abre esa adopción para el oficio.
La investigación combina una primera etapa cuantitativa, basada en una encuesta online respondida por 107 periodistas, y una segunda fase cualitativa, construida a partir de entrevistas en profundidad. Aunque el trabajo se centra en Argentina, sus conclusiones plantean preguntas de interés directo para editores y responsables de medios de todo el mundo: qué tareas se delegan a la IA, cómo se preserva el criterio editorial, qué formación necesitan las redacciones y qué políticas internas deben establecerse antes de que el uso individual se convierta en una práctica extendida sin marco común.
Uno de los datos más llamativos del informe es la rápida normalización de ChatGPT en el trabajo periodístico. El 82,2% de los encuestados afirma haber utilizado la herramienta en su labor profesional y, entre quienes la usan, el 95,5% la considera útil. Su empleo no se limita a tareas mecánicas: aparece en la generación de ideas, la búsqueda de información, la redacción, la edición, la titulación, la elaboración de resúmenes y la optimización SEO.
Para un editor, el punto crítico no está solo en la adopción tecnológica, sino en el tipo de tareas que ya están siendo asistidas por IA. El informe advierte que ChatGPT empieza a intervenir en zonas centrales del oficio, como la construcción de enfoques, la organización narrativa o la validación preliminar de textos. Esa tendencia obliga a preguntarse dónde termina la asistencia y dónde comienza la cesión de criterio editorial.
El estudio también detecta una brecha entre el uso real de estas herramientas y la respuesta institucional de los medios. Según los resultados recogidos, el 77,5% de los periodistas afirma que su empresa no desarrolló políticas claras sobre el uso de ChatGPT, y solo el 18,6% menciona la existencia de recomendaciones. Además, el 70% señala que el medio donde trabaja no tomó ninguna resolución sobre la herramienta, mientras que una amplia mayoría considera necesaria la formación específica en inteligencia artificial generativa.
Esa ausencia de reglas internas tiene consecuencias prácticas. El informe señala que las decisiones sobre verificación, transparencia, atribución o límites de uso quedan, muchas veces, en manos de cada periodista. Para las redacciones, esto abre un desafío editorial inmediato: elaborar criterios compartidos antes de que la presión por producir más contenidos convierta la IA en una solución improvisada.
La investigación también vincula la adopción de ChatGPT con condiciones laborales marcadas por el pluriempleo y la precarización. El informe subraya que muchos periodistas recurren a la herramienta para ahorrar tiempo, producir más y sostener múltiples colaboraciones. En ese contexto, la IA aparece como aliada de la productividad, pero también como factor que puede intensificar dinámicas de sobrecarga si no existe una política empresarial que distribuya responsabilidades y beneficios.
Entre las preocupaciones recogidas figuran la pérdida de rigor, la posible atrofia de competencias profesionales, la homogeneización de contenidos, los sesgos algorítmicos, las “alucinaciones” de los modelos y el riesgo de que la automatización se use para precarizar aún más el trabajo periodístico. Frente a ello, el documento insiste en la necesidad de supervisión humana, formación crítica y transparencia.
El informe no plantea una lectura tecnófoba. Reconoce que estas herramientas pueden mejorar procesos, reducir tareas repetitivas y facilitar determinadas rutinas. Pero advierte que su incorporación no puede dejarse únicamente al criterio individual ni a la lógica de la urgencia. Para los editores, la cuestión de fondo es cómo integrar la IA sin debilitar aquello que sostiene la confianza en los medios: criterio profesional, verificación, responsabilidad editorial y relación con las fuentes.
El documento completo estará disponible aquí para quienes quieran profundizar en los datos, testimonios y conclusiones de la investigación.