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El foro organizado por Fundación Maldita.es aborda los desafíos del debate público en la era de los algoritmos

24 | FEBRERO
2026

La polarización creciente, el avance del discurso de odio y la consolidación de la desinformación como herramienta de influencia marcaron el debate de la jornada Internet en 2026: desinformación, polarización y odio, celebrada en el Palacio de la Prensa de Madrid, en la que CLABE, representada por su director general Juan Zafra, participó en la mesa de clausura. El encuentro reunió a periodistas, académicos, tecnólogos y representantes de la sociedad civil para analizar cómo ha cambiado el ecosistema digital y qué respuestas pueden darse ante el deterioro del debate público online.

Organizada por Fundación Maldita.es, la Fundación Euroárabe de Altos Estudios y la Fundación Centro de Estudios Andaluces en el marco del proyecto europeo Hatedemics, la jornada partió de una idea central: internet ha pasado de concebirse como una plaza pública abierta a funcionar, en gran medida, como un espacio privado regido por normas e intereses empresariales. Según explicó Clara Jiménez Cruz, cofundadora de Fundación Maldita.es, la retirada de herramientas de transparencia y protección a usuarios, justificadas en ocasiones en nombre de la libertad de expresión, debilita a la ciudadanía y erosiona la confianza social.

La primera mesa abordó el discurso de odio en Internet y sus consecuencias sociales. Participaron Mario Lara Delgado (OBERAXE), Ángeles Blanco (FELGTBI+) y Cristina de la Serna Sandoval (Fundación Secretariado Gitano), quienes coincidieron en que limitarse a eliminar contenidos ilegales resulta insuficiente si las plataformas siguen amplificando mensajes discriminatorios. Se subrayó además cómo el odio online puede expulsar a personas y colectivos del espacio público digital y trasladarse posteriormente al ámbito físico.

En este contexto se presentó el proyecto europeo HATEDEMICS, expuesto por Mª Eladia Illescas Estévez y Eva Cataño García (CENTRA). La iniciativa combina verificación, investigación académica y herramientas tecnológicas para detectar narrativas de odio, generar contranarrativas asistidas por inteligencia artificial y promover la alfabetización mediática desde un enfoque basado en derechos humanos.

Otra de las mesas se centró en la intensificación de la polarización. Marina Sacristán, de Fundación Maldita.es, presentó una investigación sobre la monetización de contenidos desinformativos generados con IA en TikTok. Eva Campos, investigadora de la Universidad Complutense de Madrid, señaló que las redes sociales actúan como catalizadores —aunque no como única causa— de la polarización, advirtiendo también de la adaptación de los medios a las lógicas algorítmicas.

Javier Pérez, director de Political Watch, defendió la necesidad de regulación, aunque consideró imprescindible reforzar también los espacios democráticos fuera de Internet ante la dificultad de que las redes funcionen como espacios reales de diálogo entre ciudadanía y representantes políticos.

El debate sobre el papel de los medios y su relación con las plataformas digitales centró una de las conversaciones clave de la jornada. En esta mesa participaron Juan Zafra, director general del Club Abierto de Editores (CLABE); Irene Lanzaco, directora general de AMI; y Sara Campos, del equipo de Estrategia Digital de EL PAÍS.

En este contexto, Juan Zafra puso el foco en el verdadero desafío actual para los medios: no solo producir buen periodismo o diversificar contenidos, sino lograr que ese trabajo llegue a un usuario cada vez más escaso de tiempo y atrapado en entornos digitales altamente mediados por algoritmos. Zafra subrayó que el problema central ya no reside únicamente en la calidad informativa, sino en la capacidad de conexión con audiencias fragmentadas que consumen información dentro de ecosistemas diseñados para maximizar la atención. En ese escenario, los medios compiten no solo entre sí, sino con dinámicas tecnológicas que condicionan qué contenidos se ven y cuáles quedan invisibilizados.

Su intervención apuntó así a una transformación estructural del sector: el periodismo debe adaptarse a un entorno donde la distribución se ha convertido en el principal campo de batalla. Encontrar fórmulas para alcanzar al usuario final —sin depender completamente de plataformas externas— aparece como uno de los retos más complejos y, al mismo tiempo, más determinantes para la sostenibilidad informativa y democrática.

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