Un recorrido por MAKMA ISSUE #06 | Sorolla Poliédrico tras su presentación en la Fundación Bancaja

“El estudio de la imagen es importante por ser un signo de nuestro tiempo; sin embargo, parece que llegamos con retraso. Entender cómo se construye, cómo se usa, cómo nos influye, qué hay detrás de lo que se ve y (mejor) de lo que no se ve. Requerirá pensarla constantemente porque, al igual que la comunicación escrita, está viva, cambia y evoluciona”, advertía en su artículo ‘#Pensar la imagen‘, publicado en MAKMA ISSUE #05 | Diseño, la artista y diseñadora Marta Negre, autora de la portada del monográfico en papel dedicado a Joaquín Sorolla, que ha contado, a la par, con la maquetación y vídeo de los contenidos del diseñador José Antonio Campoy.

Porque, tal y como y como refiere el director del Museo de Bellas Artes de València y comisionado del Año Sorolla, Pablo González Tornel, “las valencianas y valencianos sabemos que el mundo de Sorolla no existe. Sus cuadros están compuestos por retazos de realidad (…) que el pintor combinó para crear un ideal con el que toda persona querría identificarse”.

Quizás sea la primera de las razones por las que se haya escrito que “al pintor valenciano no le influyeron las vanguardias (…). No vemos en su producción referencia alguna al expresionismo o al cubismo, por ejemplo, y es que su camino ya lo tenía hecho”, asevera Pilar Tébar, comisionada adjunta del Año Sorolla y directora general de Patrimonio Cultural de la GVA.

Una paleta refulgente, la de Sorolla, que nos exhorta a escrutar también ese Mediterráneo feliz que, “alumbrado por una luz placentera con el que se asocia al genio levantino, posee a su vez otra cara menos amable igualmente aflorando en sus obras”, rubrica el director de MAKMA, Salva Torres, para quien en ese mar “también cabe la oscuridad atribuida al Cantábrico de Miguel de Unamuno, por entero entregado a la defensa de la pintura de Ignacio Zuloaga”.

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